con el único recuerdo
de haber visto tu rostro en sueños.
Estabas ahí,
vestido de libertad
mientras con tu mirada me aprisionabas.
Como quien encontrando
las respuestas de una vida
haya la muerte.
Caminaste hacia mí
y en cada paso que dabas
sentía el batallar de diez mil dioses
en medio de mi corazón.
Era estar de pie al borde
de un precipicio
y verte volar
mientras me invitabas a hacerlo contigo
aun cuando sabias que no tengo alas.
Con delicadeza extendiste tu mano
a la distancia exacta de los pasos
que en un pasado
me prometí no dar por alguien
que,
enseñándome el amor,
me clavó el cuchillo por la espalda.
Más sin embargo,
y aunque suene a locura,
yo corrí hacia ti.
Los pasos se hicieron distancia recorrida
y el andar de un loco enamorado,
que encontrando el lado oscuro del amor
se aferro a tus miedos.
Con la esperanza de verte de nuevo
mi cerebro me jugó un dos por uno:
en el que te veía
y como acción de regreso
le entregaba mi corazón
y un sinfín de lagrimas.
Porque ahora que estas lejos,
que en otros brazos esta,
soñarte mientras me visto de tristeza
es la única salida para lograr encontrarte.
No volveré a dormir.