miércoles, 16 de septiembre de 2015

En mi mente


A Michael 


Que pensarías,
si supieras
que de mis pensamientos eres el más grande,
el mayor,
el único y duradero,
el dulce y más precioso.

Ten seguridad de esto,
no miento de ninguna manera,
la realidad de mis días es ahora esa.

Estas arraigado a las paredes de mi mente.
Te sostienes entre el primer
y último pensamiento.
Esos que acaban en tu cuerpo
antes de llegar a tu boca
en el momento exacto
en el que te vuelves vida en mis manos.

Estas ocupando un lugar muy grande.
Una habitación que pensé jamás se llenaría
y mírate, ya has logrado desbordarla.
Avanzaste a pasos de pensante.
Te tomaste el tiempo necesario
para alcanzar lo que hoy tienes.
Con habilidad de artista
llenaste de colores ese cuarto de mi mente.
Decidiste con parsimonia que flores
eran las que iban a acompañar los momentos
en que te encontraría
después de verte a los ojos y confesarte mi amor.

Cuando ya había tomado la decisión de abandonar
por completo la idea de un nuevo habitante,
y como solución me disponía a arrojar las llaves,
apareciste de entre la luna y me las arrebataste
y con ellas mi tiempo, mi corazón y lo gris de mis días.

Necesitabas poseer las llaves
de aquel cuarto abandonado,
desolado,
antinatural,
ruidoso en el silencio,
con marcas en las paredes
de otros que jamás quisieron volver a él,
con las ventanas cerradas
para que no salga de él el aroma del recuerdo.
Siempre has sido así.
Eres tú y tu delirio por demostrar
que lo que nunca nadie volvió a ver
merece una segunda vista.

El punto en esto, corazón
es que estas aquí y nadie,
mas que tú mismo,
decidirá el día de tu partida.
Que al pasar los días traes contigo más equipaje
y más fotografías para pegar en la pared.
Todo con el único objetivo de que yo pueda confiar
en saber que me acompañas de la mano
aun cuando estas a kilómetros de mis ojos.

De tu mano he vuelto a abrir las ventanas.

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