Hoy le vi
- en el autobús –
llevaba puesto el cielo
entre sus ojos
y la verdad de aquellos
que no saben hablar,
pero impactan
como el mejor de los poemas,
en su silencio.
Como suele acostumbrar,
iba con el rostro hacia la ventana.
Perdiéndose en el pensamiento,
Perdiéndose en el pensamiento,
escapando de la realidad,
mientras como el más valiente
creaba su propio mundo
a través de una ventana
y unos audífonos a gran volumen.
Yo
- que nunca se cuando es suerte
o coincidencia -
iba sentado a su lado;
con las manos en la chaqueta,
comiéndome los miedos,
y susurrándole
de vez en cuando
con la mirada.
Esperaba la oportunidad
de que el hechizo se rompiera.
Y sin que yo lo esperara
su mirada se encontrara con la mía
y con el pensamiento
nos fuéramos a tomar café.
Pero él seguía en el silencio.
Apartado de la realidad,
mientras la que se encontraba
a su alrededor
(yo)
se volvía ceniza
y terminaba con un suspiro
lejos de un saludo que jamás iniciaría.
a su alrededor
(yo)
se volvía ceniza
y terminaba con un suspiro
lejos de un saludo que jamás iniciaría.
Tal cual,
como cada jueves
de cada maldita semana,
me trague las palabras
y al llegar su estación
solo le vi,
como era costumbre,
tomar con firmeza el Borges
que llevaba sobre las piernas,
levantarse del asiento,
acomodarse la mochila,
ajustarse los anteojos,
y,
como el más grande de los héroes,
alejarse de mi
mientras yo,
en las manos,
me guardaba un "quisiera conocerte"
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