lunes, 21 de septiembre de 2015

Abraso la poesía

He de suponer que esperas que grite,
que encienda la luz,
que le permita a mis pesadillas
tomar color en medio de esta nube gris
y les dé la oportunidad de llamarme por mi nombre.

Que entre los recuerdos abrase tu boca
y en lugar de escribir por salida
haga de cuenta que te estoy dando la bienvenida,
como quien en un apretón de manos encuentra ambas cosas.

Pero no;
no puedo,
no siento,
no estoy listo.

Aun continúo estando inconsciente,
mientras tendido en mi cama
encuentro tus recuerdos en cada uno de sus pliegues.
intentando no dejar que un mundo de fantasmas
brote de mis ojos.
Porque sé que al salir cada uno de ellos
tendrían tu cara.

He olvidado como caminar
por eso ahora solo ando.
Olvide si debo mirar al cielo o mirar al suelo,
no recuerdo en cuál de los dos estas tu.
Aunque para mi (des)dicha estas en medio de todo
sonriendo de latir a latir
y en el escalofriante momento
en que mi corazón se detiene.

Se escribirte
o escribirnos
o escribirme
eso aun no lo olvido.

Solo basta con ponerte como tinta
y aunque no logre evitar que me duelan las letras
la poesía con tu nombre no se detiene.

Pero esto no es suficiente,
faltas tú,
aunque te encuentres de fondo.
Nunca será lo mismo abrazar un poema
que encontrarme refugiado y sobreviviente en tus brazos.
Como nunca aprendí a despedirme
hoy le doy la bienvenida a tu ausencia.
Le he dejado un cuarto en mi vida
y un espacio en mi cama
por si los días se hacen sueltos
espero seguir encontrando un refugio.

Pero con decisión y estando consiente de todo
espero en este extrañar entiendas
que en tu partida
no valió la pena gritar
si no fue a través de mis manos
y la luz no valió la pena encender
si en la oscuridad puedo seguir abrazando un poema.

Al final lo único
que me queda de ti
es la poesía.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

En mi mente


A Michael 


Que pensarías,
si supieras
que de mis pensamientos eres el más grande,
el mayor,
el único y duradero,
el dulce y más precioso.

Ten seguridad de esto,
no miento de ninguna manera,
la realidad de mis días es ahora esa.

Estas arraigado a las paredes de mi mente.
Te sostienes entre el primer
y último pensamiento.
Esos que acaban en tu cuerpo
antes de llegar a tu boca
en el momento exacto
en el que te vuelves vida en mis manos.

Estas ocupando un lugar muy grande.
Una habitación que pensé jamás se llenaría
y mírate, ya has logrado desbordarla.
Avanzaste a pasos de pensante.
Te tomaste el tiempo necesario
para alcanzar lo que hoy tienes.
Con habilidad de artista
llenaste de colores ese cuarto de mi mente.
Decidiste con parsimonia que flores
eran las que iban a acompañar los momentos
en que te encontraría
después de verte a los ojos y confesarte mi amor.

Cuando ya había tomado la decisión de abandonar
por completo la idea de un nuevo habitante,
y como solución me disponía a arrojar las llaves,
apareciste de entre la luna y me las arrebataste
y con ellas mi tiempo, mi corazón y lo gris de mis días.

Necesitabas poseer las llaves
de aquel cuarto abandonado,
desolado,
antinatural,
ruidoso en el silencio,
con marcas en las paredes
de otros que jamás quisieron volver a él,
con las ventanas cerradas
para que no salga de él el aroma del recuerdo.
Siempre has sido así.
Eres tú y tu delirio por demostrar
que lo que nunca nadie volvió a ver
merece una segunda vista.

El punto en esto, corazón
es que estas aquí y nadie,
mas que tú mismo,
decidirá el día de tu partida.
Que al pasar los días traes contigo más equipaje
y más fotografías para pegar en la pared.
Todo con el único objetivo de que yo pueda confiar
en saber que me acompañas de la mano
aun cuando estas a kilómetros de mis ojos.

De tu mano he vuelto a abrir las ventanas.