Hoy,
a la verdad de tu ausencia,
me hago cargo del silencio
que juntos decidimos compartir.
Sin dudas ni reclamos,
como la puerta que se cierra
sin esperar un hasta pronto
y la ventana que no se abre
solo para darle paso a la tristeza,
me hago valiente a la decisión
de encontrarnos en otros cuerpos,
a correr las cortinas de otras habitaciones
y a la hora del despertar
hacer ojos de sol a otros rostros.
Me hago cargo de todo
- Como suelo hacer siempre -
de los besos en otros labios,
de bañar las dudas cada mes
para no correr a buscarte,
de cerrar los ojos cuando mis fantasmas
tomen tu personalidad y quieran abrazarme
como en el pasado:
a puro valor y sin miedo a las heridas.
A decisión propia tomo
la verdad de saber que te fuiste
con las manos llenas en sueños de otro.
Que tenias ya las maletas listas
antes de cruzar palabra conmigo
y hacerme saber
que todo los colores que pintamos a dos manos
tomaron el valor de un oleo guardado en la oscuridad.
No temeré a lo que suceda,
no caminare intentado no caer
- el suelo ya no es mi meta,
cargarte ya no me ata -
ni creeré que no hay vida
después de esa guerra estúpida
que llamamos amor.
Al final
entre todo este mar que dejaste
he aprendido a nadar,
he aprendido a contar los amores
que gritaron con promesas
y callaron ante la primer realidad.
Y como parte de este proceso,
como si no notaras que cargo un doble peso,
me hago cargo de la tristeza
que seguirá a la espera de mis nuevas fuerzas,
que seguirá a la espera del siguiente aliento.